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Principios que rigen la acción del voluntariado La actuación voluntaria es una opción individual producto de una reflexión y postura ética coherente. Su principal objetivo es la solidaridad con la sociedad. Es en sí, una actividad que debe pretender la construcción de un nuevo orden social más solidario y equilibrado, siendo por lo tanto el voluntariado el agente ejecutor de tal acción. El voluntariado es una actitud ante la vida, no solo una acción caritativa que nace de la conmoción de una imagen impactante de miseria y desencanto ante lo que nos rodea. No actúa para aliviar la pobreza, sino para combatirla. El voluntariado es una respuesta social imprescindible, un compromiso individual y a la vez comunitario, una rebeldía que no rompe vidrieras de comercios ante las cámaras de televisión, pero que rompe los muros invisibles de la marginación y devuelve a la esperanza a personas que quedaron desligadas de la oportunidad de tener una vida digna; no tiene la notoriedad de las grandes promesas de los líderes políticos, pero si la trascendencia del que trabaja en la cotidianeidad de los hechos perdurables, del que trenza solidaridad y compromiso (Caravantes, 2001). Así pues el voluntariado, en su práctica, se rige por unos determinados principios como son: gratuidad (sin contraprestación económica ninguna), pluralismo (dar cabida a cualquier iniciativo o acción), no discriminación (cualquier persona tiene su lugar en el desarrollo de la acción), organización (a través de repartos de tareas y funciones para la realización de la acción), complementariedad (complementa y realiza acciones que no desarrollan los poderes públicos), principios democráticos (libertad de acción, opinión, expresión e iniciativa), solidaridad y altruismo (como fin ligado a la propia acción), no sustitución del trabajo remunerado. Una organización de voluntariado es una entidad sin ánimo de lucro, integrada principalmente por voluntarios que trabajan en la acción social o cívica, en beneficio de personas ajenas a su propia entidad incidiendo en intereses sociales colectivos. En sus actuaciones y por medio de la amabilidad, del afecto, la honestidad, la verdad y la justicia hacia todos los demás, aseguramos nuestro propio beneficio. Es de sentido común. El voluntario debe ser claro y directo, procurando ser imparcial. El trato a todo el mundo debe ser como si fueran amigos (García Fajardo, 2000). Es por todo lo expuesto anteriormente, el que pensemos en el voluntariado y en la propia acción voluntaria como vehiculo transmisor de unos valores humanos, que por otra parte son los más nos cuesta exteriorizar espontáneamente en nuestra vida cotidiana:
Por Raquel Pérez Serrano - José Domingo Hidalgo Herrera - Francisco Manuel García Ramírez |
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