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efydep.com.ar - Agosto 2008 - Nº 63 - ISSN 1669-5291

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Revista de discapacidad, integración y diversidad en el campo de la Educación Física 

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Rasgos de las actuaciones voluntarias

 

Las definiciones mencionadas en el punto anterior, hacen referencia a una peculiaridad del voluntariado actual, su marcado carácter interclasista. Cualquier sector o clase social persona puede ser beneficiario de una acción voluntaria a la vez que ser agente de una acción voluntaria, por lo que todos los ámbitos profesionales u ocupacionales caben dentro de la acción voluntaria. Hoy, más que nunca, no podemos hablar de un voluntariado homogéneo, debido a una democratización o popularización de la acción voluntaria (Gil García, 1990), todo ello en oposición al concepto inicial de voluntario que pertenecía principalmente a la que, históricamente, se ha llamado la buena burguesía (García Roca, 1990).

 

En este proceso evolutivo e la figura del voluntariado, podemos observar que el voluntariado tradicional ha sufrido grandes desacuerdos por parte de las personas ajenas a este movimiento social e incluso por parte de los propios voluntarios, observándose planteamientos chocantes e incluso contradictorios que pueden resumirse con los siguientes pares de palabras:

F     Razón y sentimiento.

F     Interés y gratuidad.

F     Teoría y práctica.

F     Deber y amor.

F     Organización y espontaneidad.

 

Así durante un tiempo la acción voluntaria se caracterizó por la elección del sentimiento, la gratuidad, el amor y la espontaneidad, pero afortunadamente nos introducimos en un periodo de maduración de la sociedad y de las organizaciones voluntarias para tomar conciencia del absurdo de la elección frente a la inclusión de las diferentes motivaciones e intereses de aquellas personas que realmente quieren ser voluntarios (Alés Siolí y Pérez Boza, 2000).

 

En la actualidad, según expresa Domingo Moratalla (1997), la acción voluntaria no es una fiesta donde el voluntario se reconforta y se relaja después de cumplir sus obligaciones como ciudadano:

 

Ø      Un voluntario audaz, no es un voluntario espontáneo, sino alguien que conoce sus capacidades, no quiere dispersarlas y está dispuesto a ponerlas en plena forma.

 

Ø      Un voluntario audaz, no puede ser un voluntario sometido y castigado, sino un voluntario maduro y dispuesto a mantener unos niveles óptimos de comunicación interpersonal.

 

Ø      La paciencia es una virtud básica en el voluntariado vigilante y no voluntarista, una persona que no moviliza únicamente su voluntad sino que moviliza sus conocimientos, sus capacidades e intereses. Por esta razón ya no nos encontramos con un voluntariado simplemente “afectivo”, sino con un voluntariado “efectivo”, esto es, con capacidad para transformar su entorno no sólo en el nivel social sino también en el cultural.

 

Hay que indicar, que “solo” la buena voluntad de la persona que quiere colaborar en cualquier tipo de voluntariado o es suficiente. Hoy en día, este concepto, está ampliamente superado y sustituido por la obligación de formarse y el derecho a recibir la cualificación necesaria y adecuada para la tarea a desempeñar (Equipo Claves, 1994; López de Aguilera, 1990; Gil García, 1990; Segovia, 2000).

 

Este aspecto formativo, resulta importante no solo como perfeccionamiento de los conocimientos técnicos y operativos, sino también para la creación y para el reforzamiento del sentimiento de grupo, la actividad formativa aparece como pieza clave dentro de la vida organizativa de los grupos de voluntarios, además de punto de unión entre cada voluntario y la organización a la que se ha incorporado (COOB’92, 1989; Ripa, 1991 y VV.AA, 1993).

 

Además la formación del voluntariado, debe ser entendida no solo como una exigencia de la organización hacia los miembros, sino como un compromiso que las entidades voluntarias promueven respecto a sus integrantes, desempeñando un papel clave. De hecho, en la mayoría de las directrices que regulan las actuaciones de las entidades voluntarias, consta que estas han de proporcionar a las personas voluntarias una formación específica, orientándolas suficientemente para el ejercicio de sus funciones. Esta formación deberá incidir según Armengol (1996) en diversos ámbitos: formación humana al objeto de garantizar una identidad personal y de maduración en relación a los valores y actitudes personales básicas del voluntariado; formación asociativa como aval de su participación e integración en proyectos globales asociativos; formación técnica procurándole saber hacer y el desarrollo de competencias relativas a los recursos personales y capacidades técnicas que permiten actuar según la misión de la entidad y la vocación personal, formación socio-cultural tanto en cuanto ha de asegurar la comprensión del ahora y aquí de la entidad y el servicio del voluntariado que se pueda desarrollar (COOB’92, 1989; Casado, 1994 y Caride Gómez y López Paz, 2002).

 

Por Raquel Pérez Serrano - José Domingo Hidalgo Herrera - Francisco Manuel García Ramírez

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