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efydep.com.ar - Agosto 2008 - Nº 63 - ISSN 1669-5291

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Revista de discapacidad, integración y diversidad en el campo de la Educación Física 

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Razones para ser voluntario

 

El movimiento voluntario en general se puede decir que se mueve en terrenos tan dispares como el altruismo, el desinterés puro y el interés propio de las personas que siempre buscan obtener algún beneficio. Lógicamente ambas realidades varían en función de las personas, de las situaciones concretas que se producen a lo largo de sus actuaciones, buscando siempre un equilibrio entre ambas. Es en la búsqueda de esa armonía entre egoísmo y generosidad donde podemos encontrar una forma diferente de consumir el ocio o tiempo libre, entendiéndolo como “ocio serio” (Stebbins, 1997) en el que las personas se enriquecen personalmente a través de la simple realización de actuaciones voluntarias.

 

El altruismo es una parte de la conducta prosocial, que aparece en los comportamientos voluntarios y que hay que valorar en su justa medida por parte de la organización y del entorno en que se producen, como diferentes formas de ayuda para que un individuo alcance sus objetivos y la donación (Vander, 1989). Esto tiene una enorme repercusión para las organizaciones, ya que si se descuidan las recompensas que esperan los voluntarios se desmotivarán, tendrán un bajo rendimiento y abandonarán la organización.

 

El voluntariado aparece como una alternativa de la sociedad, asumiendo su acción libremente, sin ánimo de lucro y sin retribución económica, con un propósito socialmente útil, buscándose el bienestar de la comunidad y una mayor calidad de vida de los demás. Para ello, el voluntariado se mueve a través de una serie de motivaciones, de razones o intereses suficientemente importantes en un momento determinado para producir esa participación, esa presencia activa en la sociedad (Equipo Claves, 1994).

 

Estas motivaciones vienen producidas por tres ejes fundamentales: el interés subjetivo o ideológico (reconoce como propios los objetivos y fines), la satisfacción socio-afectiva (reconocimiento social) y la percepción de rentabilidad (utilidad de la tarea propuesta).

 

Pero no solamente se requiere una buena actitud y fuerte motivación hacia la tarea a realizar, es necesario e imprescindible a la vez contar con las buenas aptitudes y éstas nos hablan de unas condiciones mínimas morales, psíquicas y físicas. Por las dos primeras entendemos a  personas equilibradas y maduras, idóneas para unos servicios concretos, y la última por aquellas condiciones físicas que exija el servicio a realizar. Igualmente el voluntariado deberá disponer de suficiente tiempo para asumir tareas bien sea esporádicas o regulares.

 

Cuando nos planteamos actuar como voluntarios, a partir de ciertas motivaciones o intereses, difícilmente las necesidades pueden ser satisfechas en su totalidad porque las conductas humanas no son predecibles. Por lo que una vez que estamos trabajando como voluntarios puede ocurrir dos cosas, que nuestras necesidades se cubran hasta un nivel en el que dejen de impulsar nuestra conducta, o que existen algunas expectativas que a pesar de haberse superado se han activado más, convirtiéndose en verdaderos generadores que una vez impulsados no se agotan (Leal Millán, 2001).

 

En el proceso por el que una persona decide y actúa como voluntario, en cualquiera de los ámbitos que la sociedad pueda proponerle, podemos identificar tres etapas con sus diferentes motivaciones: antecedentes, experiencia como voluntario y consecuencias de su acción voluntaria.

 

En el voluntariado coexisten una amplia variedad de motivaciones que satisfacen diversos intereses para cada persona. La implicación en una misma actividad por diferentes personas, puede venir dada por diversas razones, todas ellas, válidas por igual. De la misma manera que las razones psicológicas, personales y sociales que mueven a  alguien a realizar su acción, pueden cambiar para la misma persona en el transcurso de su implicación en la actividad voluntaria.

 

Cuando e trabajo voluntario se basa en un interés altruista de ayudar a los demás, en valores humanitarios, en un deseo de hacer una contribución a la sociedad, o aún cuando es inspirado por motivos religiosos, la perspectiva funcional indicaría que este comportamiento cubre una necesidad de expresar los valores morales propios del individuo.

 

Las personas también pueden decidir actuar como voluntarios, para compartir espacio y tiempo con personas cercanas, amigos, familia…etc., pudiendo llegar a ser un mecanismo de búsqueda de un grupo de referencia. Por otra parte, el voluntariado puede verse como una manera de ensanchar el círculo de relaciones sociales. En todos estos casos, el voluntariado satisface una función de adaptación social.

 

La acción voluntaria puede llegar a servir, para algunas personas, como protección contra los miedos y ansiedades cuando nos enfrentamos al mundo que nos rodea. El hecho de poder colaborar en grupo por el bien de la sociedad, apacigua estos temores y miedos.

 

Otras motivaciones e intereses pueden nacer de la necesidad de buscar oportunidades para utilizar habilidades y conocimientos adquiridos, que serían de otra manera difíciles de poner en práctica, descubrir nuevos conocimientos a partir del contacto con otras personas e instituciones afines a nuestro campo de habilidades y conocimientos.

 

Así entre las motivaciones iniciales por las que una persona se plantea actuar como voluntario, podemos destacar: desarrollo del conocimiento personal, mejorar la autoestima y preocupación por la comunidad (Chacón Fuertes y Vecina Jiménez; 1999).

 

Uno de los aspectos más destacables es que aunque lo que busquemos sean nuevos y mejores conocimientos, estar cerca de nuestras personas queridas o un refugio frente a nuestros miedos…si el motor principal no es la solidaridad, no estará lejos el día en que dejaremos de actuar como voluntarios.

 

En la segunda etapa como voluntarios, las motivaciones parten de la experiencia adquirida, de la satisfacción con las actividades realizadas, así como de la satisfacción y vinculación que se logre tener con la entidad que organiza y coordina las tareas de los voluntarios (Chacón Fuertes y Vecina Jiménez; 1999).

 

Podemos entonces suponer que las motivaciones que influenciaron en la decisión de ser voluntarios, serán diferentes a las que nos hacen seguir actuado como tales. Además otro aspecto a tener en cuenta, es que los cambios de edad y del estado civil, además del sexo son variables importantes que hacen modificar estas motivaciones.

 

Lo que si podemos tener claro es que la inmensa mayoría de las personas que se sienten llamados a actuar como voluntarios lo hacen a partir de ciertas motivaciones, entendiendo el término motivación como una conducta dirigida y orientada hacia la obtención de metas. Por otra parte los conocimientos existentes sobre las diferentes motivaciones indican que la motivación es el resultado de la interacción del individuo y la situación, y que además, el grado e intensidad de ésta, varía entre las personas y dentro de cada persona según el momento.

 

Moreno (1999), en su estudio La evolución del Voluntariado en los Juegos Olímpicos nos hace una reflexión sobre las motivaciones de los Voluntarios Deportivos a través de eventos tan específicos como son las olimpiadas, la autora los resume en: identificarse con el espíritu de solidaridad y paz de la filosofía olímpica; comprometerse como ciudadanos, como miembros de una asociación o nación; El desafío individual; la pertenencia  aun grupo; la gratificación y el reconocimiento.

 

Cadmus (2000), en su estudio An Análisis of volunteer coaching in youth sports, pone de manifiesto cuales son las características y las influencias más importantes que comparten la mayoría de los entrenadores de jockey sobre hielo que realizan su trabajo de manera voluntaria, llega a la conclusión de que los tres aspectos más destacados son, el altruismo, el amor hacia ese deporte y sus intereses personales.

 

Según Heinemann (2003, pp91), “La colaboración voluntaria en el ámbito del deporte ofrece múltiples oportunidades de autorrealización y amplias oportunidades de formación, participando además, en la creación de riquezas económicas”.

 

En otra investigación llevada a cabo en Canadá con motivo del Año Internacional del Voluntariado (Dorsch, 2002), se buscó determinar cuales eran los motivos por los que las personas quieren actuar como Voluntarios Deportivos. En ella se destacaron ocho razones para que fueran señalados por los sujetos, si realmente ello les movía a actuar como Voluntarios Deportivos:

 

Ayudar a la comunidad, fue el más señalado por las personas con más edad, y el menos indicado por los más jóvenes. Aunque realmente fue el motivo más subrayado de los ocho propuestos.

El segundo motivo que aparece es el de ayudar a otros, que señalado en mayor medida por los sujetos con más edad y por las mujeres. Aunque el resto de los sujetos también lo indicaron con fuerza.

 

Se considera como tercer motivo importante conocer gente y hacer nuevos amigos, siendo los más jóvenes los que así lo indican y los más adultos lo hacen menos. Además también aparecen diferencias entre sexos, al ser las mujeres las que más lo han señalado.

 

Una vez señalados estos tres motivos, los otros cinco son indicados por unos porcentajes más bajos.

 

El reconocimiento social, no es una motivación relevante para ningún grupo, aunque si son los más jóvenes los que le dan más valor al agradecimiento por parte de los demás al trabajo voluntario.

 

Otros dos elementos que se plantean como posibles impulsores de las personas para actuar como voluntario sería el sentirse útil, el hacer las cosas correctamente según las normas y por obligación, aunque después no aparecen ser elementos con fuerza suficiente para los sujetos en función de la edad, sexo o rol a desempeñar.

 

Si parece ser motivo suficiente para las personas el que la actividad voluntaria sea divertida, sobre todo para los más jóvenes, lo mismo que ocurre con e hecho de conseguir alguna ventaja para el currículum laboral.

 

Después de esta reflexión, podemos llegar a entender la acción del voluntariado deportivo como la aportación desinteresada en beneficio de todos los ciudadanos que forman el sistema deportivo (Jiménez Rodríguez, 1995).

 

El voluntariado de hoy lo constituyen ciudadanos que adquieren un compromiso relativamente duradero y en condiciones que no pongan en entredicho las obligaciones personales. Combinan por tanto, su vida de trabajo con la actividad solidaria sin ningún tipo de drama. Es por lo que deciden actuar directamente, para atender necesidades de determinadas personas y también por satisfacción propia y autorrealización. Se trata entonces de un compromiso con determinadas acciones, un compromiso concreto y no genérico que ordenará el conjunto de acciones de la persona voluntaria. En consecuencia el compromiso del que hablamos tiene unos límites y no se trata de ejercitar una solidaridad sin fronteras, más bien se ciñen a las posibilidades reales de disponibilidad y de horarios flexibles. Y tal y como hemos dicho la práctica totalidad de los voluntarios se sienten satisfechos con lo que hacen y con los beneficios que obtienen (disfrute personal, obtención de resultados, adquirir experiencia, etc.).

No debe extrañarnos entonces que las motivaciones de los voluntarios, la decisión que adoptan y el tiempo medio de permanecía en las organizaciones (dos años), constituya un espacio de solidaridad permanentemente transitoria. Concluyendo con ello, que se trata de un espacio relativamente duradero que se combina con otros espacios sin ordenarlos: laborales, de ocio y personales (Gutiérrez Resa, 2001).

 

Por Raquel Pérez Serrano - José Domingo Hidalgo Herrera - Francisco Manuel García Ramírez

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