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Riesgos del voluntariado
Nadie nos ha dicho que la tarea de un voluntario sea siempre fácil y gratificante. En nuestras actuaciones como personas solidarias con nuestro entorno, reconoceremos en la mayoría de las ocasiones que la sociedad solo podrá avanzar si convierte esta solidaridad en un principio esencial del desarrollo humano. Todas las personas voluntarias se mueven por distintas motivaciones, que al final llevan a convertir algunas de nuestras actividades en beneficios para la sociedad.
Aunque el voluntariado actual es un colectivo mucho más cualificado, más ciudadano y menos paternalista, debemos estar siempre atentos tanto las organizaciones voluntarias como los propios voluntarios y huir de los riesgos siguientes (Mesa Bouzas, 1997): 1. “El paracaidismo”. La figura del voluntariado bien intencionado que cae de las nubes para trabajar en u proyecto concreto, ajeno por completo a su contexto vital, sin conocer suficientemente la realidad sobre la que se va a actuar y sin una capacitación previa sería la figura condenada a desaparecer. 2. “El generalismo”: tampoco parece tener mucho futuro el voluntario que sirve para todo, el voluntario todo terreno. Una acción social eficaz requiere también cierto grado de especialización. 3. “El amateurismo”. Otro lastre que ha venido arrastrando el voluntariado y que le ha desprestigiado ante una parte de la opinión especializada. La chapuza realizada con buena voluntad habrá podido conseguir cierto respeto benevolente, pero nadie considera que sea una forma de la intervención social. La acción voluntaria en modo alguno se identifica con una acción chapucera. 4. “El clientelismo”. Estar especialmente preocupados por qué asociación u organización es más grande, cual tiene más voluntarios, cual es la mejor, quienes somos los mejores…desde la competitividad el voluntariado pierde su fuerza vital. 5. “La descoordinación”. Si aislamos demasiado la tarea de los distintos voluntarios, dividiremos el objetivo común, duplicando esfuerzos y perdiendo energía.
Por otra parte también podemos encontrarnos con ciertas limitaciones propias del voluntariado como persona social y profesional que en algún momento puedan llegar a impedir realizar su tarea en plenitud:
Ø Las propias posibilidades de cada uno. Ø La falta de ayuda externa: los medios de comunicación (el voluntariado deportivo tiene fuerza en los medios de comunicación). Ø Las necesidades del propio entorno. Ø El mundo laboral, profesional y público. Ø La duplicidad de acciones paralelas. Ø La falta de convicción y compromiso. Ø El reparto de responsabilidades.
Sería un error pensar que estos peligros y limitaciones no existen, por lo que se hace necesario, conocer cada vez más el perfil de los voluntarios, sus motivaciones y expectativas e intentar alejar en la medida de lo posible los obstáculos y trampas que puedan hacer abandonar las actuaciones de este colectivo.
También es lógico asumir, que las personas cambian y que sus necesidades y expectativas también lo hacen, por lo que es imposible que una misma persona se implique en tareas de toda su vida y de manera continua. Lo que si podemos conseguir es que su labor (el tiempo que se realice) sea útil e interesante para él y para la comunidad, y que exista siempre en su mente la posibilidad de volver a ser voluntario cuando su vida se lo permita.
Ante loe expuesto anteriormente se puede decir que el sector voluntario no está libre de presiones, a pesar de la buena voluntad de las personas colaboradoras y del entorno positivo en el que se debe producir estas actuaciones solidarias. Se encuentran inconvenientes de todo tipo, relacionados con los propios voluntarios como personas, dificultades relacionadas con las organizaciones a las que se vinculan y obstáculos relacionados con el entorno que rodea a este mundo (Domingo, 1996; Nichols, Shibli y Taylor, 1998 y Aguilera Luna, 2003).
Resulta ser un problema importante el escaso tiempo que sobra tras la realización de las tareas obligatorias diarias, ya sean desde el punto de vista profesional (trabajo remunerado) o personal (familia, amigos, otras actividades de ocio), aunque se puede entender también esta escasez de tiempo disponible para la realización de tareas voluntarias, como resultado de la mayor gama de oportunidades para la utilización del ocio (Robinson y Godbey, 1999).
Aparece otro obstáculo del sector voluntario en relación a las organizaciones de esta índole, en la necesidad cada vez mayor de realizar tareas más parecidas a las que se realizan en el sector profesional (público o privado), exigiendo la propia institución una preparación previa o una formación específica para poder colaborar como voluntario (Gratton y otros, 1997 y Davis Smith, 1998). Esta realidad hace que los propios voluntarios se sientan preocupados con el aumento de las exigencias referente a sus destrezas, pudiendo ser esto una circunstancia utilizada como excusa para la no realización de actuaciones voluntarias.
En cuanto a los inconvenientes del sector voluntario en relación con la sociedad y el entorno en que se producen, se podría inicialmente considerar la redefinición del término ocio como un elemento materialista que se comprar y se vende (Weisbrord, 1978), empezando a formar parte de la sociedad consumista actualmente predominante. Así cuando se realizan actuaciones voluntarias en cualquier campo, se busca el tener contento a las personas que reciben directamente los beneficios de las actuaciones voluntarias, olvidando al propio ejecutante d dicha acción y por ende la base de este movimiento social y cívico. Esta falta de reconocimiento hacia los voluntarios y sus actuaciones llega ser considerado un obstáculo que puede llegar a mermar las motivaciones e inquietudes de los colaboradores voluntarios (Hendley y Davis Smith, 1992; Henry, 1993 y Heinemann, 1999).
Collozi y Bassi (1995) identifican algunas características negativas del trabajo voluntario organizado que perjudican su desarrollo y expansión. Entre ellas se presenta una división del trabajo poco rígida y poco respetada que origina a menudo una superabundancia de nuevos roles (sobretodo de coordinación) y una escasez de otros (en particular de trabajos auxiliares; sufre una tendencia a la infravaloración que provoca riesgos). Todos estos caracteres van en detrimento de la profesionalidad y de la eficacia, pero influyen de forma muy marginal sobre la solidez de las estructuras y sobre la eficacia de la acción, gracias a la fuerza de sus relaciones trabadas no sobre vínculos contractuales, sino sobre la adhesión íntima al proyecto común y sobre la recíproca y profunda unión en la que lo normal es dar sin esperar nada a cambio (Martínez del Castillo, 1997 y Rossi y Boccacin, 2001).
Otro límite que a menudo se ha convertido en un verdadero “tabú” para las organizaciones de voluntariado es el que hay entre el trabajo profesional y el voluntario, considerados incompatibles, en base al teorema “profesionalidad” igual a “remuneración” y distinto de “acción voluntaria”. Sin embargo nos damos cuenta que precisamente la combinación de trabajo profesional-voluntario, ha permitido acometer actividades mixtas (Domingo, 1996; Cartes, Hernan y López, 1998). Por Raquel Pérez Serrano - José Domingo Hidalgo Herrera - Francisco Manuel García Ramírez |
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