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EL
CUERPO EN LA ESCUELA ENTRE EL
CASTIGAR Y VIGILAR. INTRODUCCIÓN Hablar
hoy en la escuela de vigilar y castigar, pareciera en estos tiempos pos
modernos, como si estuviésemos hablando de una época muy lejana, de una época
en donde todo era obscurantismo, y en donde esas prácticas que parecían tan
comunes, vaya a saber uno porque, sin analizar el sentido y la intencionalidad
que cada uno conlleva (castigar y vigilar) y que tenían un marco de legalidad,
se han ido modificando, pasando de un castigo físico, donde el dolor y la
exposición pública, donde realmente el sufrimiento físico era utilizado como
tecnología del sufrimiento físico pasa a ser una tecnología política del
cuerpo. Se pasa de ser cuerpo-físico al cuerpo-alma, se pasa de la represión a
la sanción. Pero
siempre es a ese cuerpo presente, es a ese cuerpo a cuerpo al que se dirigen e
incorporan y reincorporan las técnicas punitivas dirigidas al alma, a la
historia de ese cuerpo. Ese
castigo, ese sometimiento de ese cuerpo-alma ¨ No debería decirse que el alma
es una ilusión...¨ Ese alma que sí existe que está producida en el exterior
y en el interior del cuerpo por quienes ejercen el poder sobre lo que se castiga
se educa, se corrige, sobre todos aquellos a los que se quieren controlar y se
sujetan a un aparato de producción. Es
a ese cuerpo-alma al que hay que educar conducir, entrecruzar y someterlo de la
mil una forma, para que sea un aparato productivo, un engranaje más en la
inmensa maquinaria de la producción, una pieza que encaje armónicamente en
tiempo, espacio y estructura, dicho de otra forma es a ese cuerpo-alma, como
aparato productivo al que hay que disciplinar, y para esto hay que vigilarlo,
controlarlo colocarlo en un orden natural, de lo que está bien para producir y
lo que está mal, que espacio debe o no ocupar, que ritmo debe tener y cual no.
Transformar a ese sujeto educable
en un sujeto bien educado para producir. Ahora
bien, la intención de este trabajo es analizar: el vigilar y el castigar en las
escuelas en tanto tecnología del poder, de quien lo ejerce y de quien es
sometido. CAPITULO
I El
cuerpo dócil en la escuela pensando para producir. Si
se piensa que el cuerpo está constituido de una materia manuable, que puede ser
forjada, que puede ser modelada, que puede ser educada, instruida, que se la
puede modelar políticamente, en una palabra que puede ser esculpido con una
intencionalidad, y que también ese cuerpo responde, se vuelve hábil y que sus
fuerzas se multiplican. El
cuerpo en la escuela constituye un objeto al que hay que domar, al que hay que
hacerlo dócil. “Es dócil un
cuerpo que puede ser sometido, que puede ser utilizado, que puede ser
transformado y perfeccionado...¨(M. Foucault) La
escuela en primer lugar intentó establecer lo que Foucault llama: escala de
control: se trata al cuerpo en sus partes, en sus gestos, en los
movimientos, en las actitudes. Por ejemplo: “temas que parte bien”; “Juan
detrás de Pedro”; “Queda mal reírse del compañero”. Se intenta
establecer sobre él y sobre cada uno de los cuerpos una coerción débil, pero
a la vez que asegura su efectividad en cada uno. En
segundo lugar, el objeto de control: se trabaja solo al control del
cuerpo la eficacia, la economía del movimiento, su organización interna,
economía política. La disciplina permite el control minucioso del cuerpo,
garantiza la sujeción del cuerpo, le impone una relación de
docilidad-utilidad, cuanto más útiles, cuanto más disciplinados en cada uno
de sus componentes más útil. Y
para citar algunos ejemplos que son comunes en las escuelas: que son partes de
la única ceremonia que según M. Foucault es la del ejercicio y que también
son tan utilizadas en las clases de Educación Física: “Niños deben sentarse
bien derechos”; Para entrar al aula hay que formar; “Para tomar asistencia
hay que formar en fila”. La
escuela intenta permanentemente disciplinar al niño, y para ello trabaja
cotidianamente en lo que Foucault denomina “anatomía política” o “política
del poder”, para que los cuerpos no sólo hagan lo que se desea, sino para que
funcionen, actúen como se quieren, con técnicas determinadas, con eficacia,
con el único objetivo de mejorar la producción. La
escuela es una institución que para disciplinar recoge permanentemente
detalles; de los cuerpos. “La disciplina es una anatomía política del
detalle...”(M.F.) La
disciplina tiende a distribuir los cuerpos en el espacio, la escuela es un lugar
cerrado, los cuerpos tienen que estar encerrados, contenidos en un lugar. Las
escuelas están rodeadas de muros, alambrados; las hay con guardias de
seguridad, se entra y se sale con un timbre o una campana, o algún dispositivo
auditivo. Esta
contención tiene como intención concentrar las fuerzas productivas, de obtener
el máximo rendimiento y a la vez poder dominar y vigilar a esas fuerzas
productivas. Para
disciplinar es conveniente como técnica, que cada individuo tenga un lugar y
cada lugar tenga un individuo, como por ejemplo que en cada aula cada uno tenga
un banco y una silla y que a cada banco y a cada silla le corresponda un
individuo, ya que si la distribución de ese espacio es equitativo, si ese
espacio es bien repartido , se evitan las aglomeraciones, se evitan las
congestiones , y evitando esto se puede vigilar mejor:;
resulta más fácil vigilar la conducta de cada individuo sancionarla. La
división en zonas permite al tener cada uno un lugar asignado, controlar las
presencias y las ausencias, saber quien está y quien no está. Esta división
permite a quien vigila ejercer un control sobre los cuerpos presentes y los
cuerpos ausentes. Una
preocupación constante de las instituciones escolares, es la infraestructura,
la funcionalidad, que cada sitio sea un lugar donde se pueda vigilar, donde los
cuerpos se sientan vigilados, estando o no presente la mirada de quien vigila.
Es preocupación que esos muro no solo contengan, sino que para el interior de
los mismos, que cada aula sea funcional , que tenga ventanas a los pasillos
interiores, para que desde afuera se pueda de una sola mirada vigilar a
quienes están dentro. Esta funcionalidad esta cargada de poder, de poder
para seguir disciplinando. La
distribución de los bancos en hileras, en series, permite al maestro con una
sola mirada vigilar, vigilar a cada uno y a todos, a cada uno de los alumnos,
que está realizando, como lo está realizando, le permite identificar,
comparar, medir, controlar todo lo, que el alumno está produciendo, en una
palabra le permite controlar la productividad y la producción. En
cada escuela se establecen categorías, categorías a las cuales Michell
Foucault denomina rango: que es el
lugar que ocupa cada individuo en una serie , y la distancia que hay entre cada
uno de ellos que ocupan la misma serie. La escuela establece sus rangos en
edades cronológicas, aprendizajes de acuerdo a diferentes grados de
dificultades, establece categorías y jerarquías de acuerdo a las diferentes
tareas que se le asignan , de acuerdo a las tareas a realizar, cada uno ocupa un
lugar de acuerdo a su categorización. En
la escuela el rango
despliega disciplina, ordena multitudes. Los alumnos son ordenados de
acuerdo a edades evolutivas, y cronológicas,
de acuerdo a capacidades, son distribuidos en secciones. La
escuela al organizar los espacios, los lugares, y los rangos, garantizan no solo
la obediencia sino también al aprovecharse mejor el tiempo y los gestos ,
elementos indispensables para una mejor producción, para una mejor
productividad. Cuanto
más dócil, más productivo, cuanto más productivo más sometido. La
institución escolar no solo funciona como una máquina de aprender y enseñar,
sino también como una máquina de vigilar, de categorizar y premiar. Pero
la escuela como institución disciplinadora de los cuerpos, no solo tiene que
organizar la infraestructura, para vigilar sino también
debe ejercer y establecer el poder sobre las actividades de los alumnos. En
la escuela el tiempo está dividido en tiempo productivo y en tiempo de
recuperación para la producción. En
ese tiempo productivo todos tienen que trabajar , todos tienen que aprender al
mismo tiempo, ese tiempo tiene que rendir Ese
tiempo debe ser productivo en términos de aprendizaje. Se establece
arbitrariamente, ejerciendo el poder que se tiene sobre quienes hay que
disciplinar , que es lo que deben incorporar, sobre lo que tienen que producir,
se establecen y se intentan naturalizar ritmos (Diana Milstein). Se pretende que
ese tiempo sea utilizado en calidad, cada uno de los alumnos debe responder a
cada exigencia en el menor tiempo posible, se pretende que se responda sin pérdida
de tiempo, y como ejemplo que es común escuchar en las escuelas: Formen rápido...,
No pierdan tiempo, copien del pizarrón...:Corré que llegás tarde a formar...
A esa prontitud, a esa rapidez la
escuela disciplina, esa rapidez de acatar las órdenes, disciplina al cuerpo, lo
somete para que en el menor tiempo obedezca. La
escuela controla los movimientos en cada fase, es necesario que cada uno de los
movimientos estén estudiados, estén controlados
que cada movimiento esté exhaustivamente
controlado: Es hora de sentarse con los brazos cruzados... Hacer tres
series de diez abdominales... La
escuela disciplina los gestos, los califica y clasifica de buenos o malos, los
intenta naturalizar: Tomar bien el lápiz posibilitará una buena escritura...
Disciplina desde la punta de los pies hasta el último de los cabellos: cada
movimiento tiene que estar minuciosamente estudiado (microfísica del poder),
cada cuerpo tiene que ser estudiado, ejercitado y corregido por el maestro, que
es quien determina lo que está bien y lo que está mal. Impone
una mejor relación entre gestos y movimientos para mejorar la eficacia, ya que
la buena utilización de las técnicas corporales permitirán una mejor
utilización del tiempo productivo. Para
disciplinar el cuerpo la escuela utiliza como método la descomposición en
partes de la globalidad, en relación con la manipulación de los objetos, método
muy utilizado en las clases de Educación Física , método analítico, la
descomposición en partes de un todo, para luego volver a integrarlo. Se le
impone al alumno que parte del cuerpo debe utilizar para manipular los objetos.
Se ejerce el poder para que cada parte conforme un todo y se encarne con el
objeto. Que cuerpo y objeto sea una sola cosa. El
empleo del tiempo debe hacerse en forma productiva, en términos productivos;
optimizar el tiempo en procura de extraer mas tiempo, el tiempo del rendimiento,
es frecuente escuchar en el ámbito escolar: Para que los alumnos no se
indisciplinen, hay que darles una actividad tras otra... La
escuela no solo utiliza el tiempo y la infraestructura para disciplinar, sino
que también para seguir ejerciendo ese poder sobre los detalles, tiene en
cuenta la organización de ese
tiempo, para capitalizarlo en tiempo productivo, para darle sentido de producción. La
escuela divide los tiempos de enseñanza - aprendizaje . Primero debe tener hábitos
de orden y disciplina, ese niño que ingresa debe formarse como alumno. Se debe
secuenciar cada uno de los pasos en forma tan simple y en un orden creciente de
dificultad, para hacer de ese cuerpo un cuerpo dócil; ese alumno debe saber lo
elemental, todo debe ser facilitado, para que los componentes básicos de las
conductas útiles estén garantizadas. Toda
esta secuenciación tiene un tiempo de duración, en la cual el individuo es
medido, es controlado, si ha alcanzado lo
que se pretende de él, si su aprendizaje alcanzó el nivel productivo deseado,
si lo aprendido lo ha sumado a la normalidad normativa. A esos cuerpo se los
somete a un examen permanente. En
la escuela, ese tiempo disciplinario de los cuerpos, los divide de serie en
serie, conformando así una pedagogía analítica, muy minuciosa, que se
despliega sobre él y los detalles, interviene puntualmente para corregir, el
poder circula y se articula con el tiempo y el espacio. El
tiempo en la escuela es lineal, evolutivo, homogéneo, por ejemplo: En esta
escuela los alumnos del turno mañana entran a las 8,00 y salen a las 12,15 hs.,
al igual que en toda la provincia. Ese tiempo está sujeto temporalmente a un
aparato llamado reloj. La
disciplina tiene que construir un cuerpo dócil, debe ordenar los
desplazamientos de ese cuerpo. Y es en esta seriación donde aparece el
ejercicio como técnica que le impone a los cuerpos tareas repetitivas, automáticas,
pero a la vez diferentes, siempre en forma gradual, siempre atendiendo a la
facilitación. Es por ello que la escuela utiliza casi sistemáticamente los
ejercicios para matemáticas, lengua, etc.. Aparecen y cruzan los cuerpos en
forma de tareas para la adquisición en forma paulatina del saber y en
lo que la producción de aptitudes individuales, son colectivamente útiles. “El
ejercicio convertido como elemento en una tecnología política del cuerpo y de
la duración, no culmina hacia un más allá; pero tiende a una sujeción que no
ha acabado jamás de completarse...”( Michell Foucault) El
tiempo disciplinario de la escuela en el cuerpo es compuesto, ya que pretende
adaptar el cuerpo de uno al de los demás. Y para asegurar la fuerza que el
cuerpo tiene, el mismo debe ser dirigido; toda la actividad debe ser encauzada
para que forme parte de una gran maquinaria, disciplinada, para que con pequeñas
órdenes o gestos den respuestas, o mejor dicho esos cuerpos den una sola
respuesta, que esas órdenes no necesiten ser explicadas. Hay que disciplinar
los cuerpos y hacerlos dóciles
para que respondan de la manera que de ellos se espera. La
institución escolar utiliza tácticas para disciplinar, y si pensamos que la táctica
es el aprovechamiento económico de las técnicas,
esas técnicas lo son la construcción de cuadros, la imposición de
ejercicios, la utilización de maniobras, la escuela despliega sobre los cuerpos
tácticas de poder. La
escuela como aparato ideológico del estado, encauza las conductas y utiliza técnicas
específicas de poder; modifica mecanismos e impone procedimientos
con el solo fin de disciplinar los cuerpos, y para tal fin para que ningún
cuerpo se escape, para que ningún cuerpo quede sin disciplinar, utiliza como
estrategia de poder la vigilancia. Esta
desarrolla toda una infraestructura para que la vigilia sea permanente, que todo
aquel que es mirado (vigilado) sea visible, que cada mirada ejercida sobre los
alumnos sea una pieza de poder, y en cada mirada que se ejerza se detecte la
normalidad (Panóptico: mirada del poder), que cuando alguien sea mirado, mire
su propia conducta. Esta
inspección jerárquica que se realiza en la escuela actúe como microscopio del poder, en
donde se relacione la arquitectura, la mirada y el poder. La
vigilancia pasa a ser un instrumento económico, económico, para que no se
pierda tiempo. Pero
como la vigilancia en la escuela es una función definida y debe estar presente
y hacerse sentir como presente todo el tiempo y en todos el tiempo productivo,
hay que convertir a esta vigilancia en una vigilancia corporativa, que funcione
sincronizadamente, sin límite de tiempo, sin límite de espacio. “El poder en
la vigilancia jerarquizada de las disciplinas no se tiene como se tiene una
cosa, no se transfiere como una propiedad, funciona como una maquinaria...” (
M. Foucauld). Por ello es, que
aparecen las figuras de los celadores, las bedeles, los maestros distribuidos
por los patios, los directores recorriendo las aulas, los pasillos y los patios,
los guardias de seguridad, en fin un sin número de vigilantes para que nada
salga de la normalidad, para que estos cuerpos dóciles sean bien encauzados. Pero
para que esta vigilancia sea efectiva, si la misma detecta que se han cometido
faltas a la normalidad; cuando esa mirada discreta atraviesa ese cuerpo por
completo, esa mirada se combina con la sanción , se combina con la técnica de
la sanción, “En el corazón de todos los sistemas disciplinarios funciona un cierto
mecanismo penal...” Aquí
también aparecen la composición de fuerzas en relación de vigilancia -
castigo. Es
en esa vigilancia donde se recopila información, una información detallada,
minuciosa, esta información debe ser jerarquizada, para darle valor, valor de
legalidad o ilegalidad, normalidad o anormalidad, pero siempre es jerarquizada ,
valorada por el ojo del vigilante, por la óptica del que mira, donde ese mirar
adquiere un carácter ritual, se establece una ceremonia de poder, en donde se
instala el o se pretende instalar el discurso de la verdad;
donde los que de ella se alejan deben
ser sancionados. En
las escuelas esos castigos se instalan desde simples llamadas de atención hasta
las expulsiones pero como atenuantes de castigo se impone la confesión. Estos
castigos tiene por función reducir las desviaciones, para que se pueda cumplir
con la normalidad, intentan asegurar correcciones. La
escuela utiliza como método disciplinar los
premios y castigos. Los
castiga o gratifica poniéndoles rótulos, etiquetándolos, por ejemplo:
“Fulano es vago”; ese rótulo lleva
implícito un castigo que durará mientras que ese cuerpo “vago” a los ojos
del vigilante no cambie su conducta de “vago” por la de trabajador. Este
disciplinamiento en la escuela tiene un doble efecto, esta penalidad
jerarquizante distribuye a los alumnos de acuerdo a su aptitudes, para que las
mismas se reproduzcan y se sometan al modelo de cuerpos dóciles, subordinados,
ejercitados, en una palabra disciplinados. El
castigo en la escuela tiende solo a diferenciar a unos individuos de otros, los
castigados, (anormales) y los dóciles (normales) y con esta concepción
establece las regla de conjunto. El
castigo mide, valoriza las capacidades, los niveles, establece las diferencias
entre los anormales y los anormales. La penalidad tiende a normalizar por
ejemplo: “le hice firmar el cuaderno de disciplina para ver si a partir de
ahora empieza a comportarse como los demás chicos”. Otras
de las técnicas utilizada por la escuela como tecnología del poder es el
examen. Este le permite objetivar a los que están sometidos, porque
individualiza, jerarquiza, sitúa a los sujetos a una red escrita, a una
red de escritura utilizada como una institución de poder. Para esto utiliza
registros, sistema de libretas, sistema de transcripciones, signos y símbolos,
etc.; ya que este aparato de escritura permite la localización inmediata del
individuo; el conocimiento de sus rasgos, para poder compararlo y así sumarlo a
un saber comparativo. Esta técnica
permite conocer el grado de desviación de esta individuo con respecto a otros.
Posibilita al conocer estos desvíos evitar futuros desvíos disciplinarios. Como
conclusión se puede decir que la institución escolar, es una institución
pensada, pensada como una institución capitalista, diseñada, como aparato de
poder, de poder para poder disciplinar los cuerpos, de poder para que los
cuerpos de los escolares sean cuerpos dóciles, cuerpos dóciles para ser
sometidos, sometidos para poder ser más productivos, más productivos para que
el modelo se reproduzca, pero con una característica muy particular, todas
estas pautas son realizadas, son presentadas todas y cada una de ellas para que
sea naturales. CAPITULO
II EL
CASTIGO Y LA ESCUELA La
institución escolar no solo es una institución disciplinadora, que no solo
instrumenta métodos y técnicas de vigilancia sino que también sugiere e
implementa castigos. Como
Michell Foucault escribe en su libro “Vigilar y Castigar”:
“El arte de castigar debe apoyarse, por tanto en toda una tecnología
de la representación. La empresa no puede lograrse más si se inscribe en una
mecánica natural...” Para
la institución escolar encontrar para los desvíos que mide el examen, por
ejemplo una pena conveniente, es necesario que la misma tenga una acción
reprobable. Para
castigar hay que constituir, establecer signos - obstáculos, pero para que
estos funciones hay que establecer y
tienen que obedecer a varias condiciones. La
penalidad en la escuela intenta ser lo menos arbitraria posible. Se trata de que
cada penalidad tenga efectos sobre la falta cometida, debe ser lo más ajustada
para que en próximas ocasiones, quien la recibe evalúe las desventajas que se
presentan el volver a cometer la misma falta En
la institución escolar se trata de ir directamente a la fuente del mal, por
ejemplo cuando un alumnos a criterio del maestro no está en su lugar, quieto y
él considera que debería estarlo, lo deja parado sin que se mueva en un
espacio determinado por él y desde donde pueda ser observado, vigilado. Esta
sanción intenta no solo llegar al que cometió esa falta, sino también al
cuerpo de él y el de los demás. Esta
pena puesta como ejemplo, tiene que tener una modulación temporal, es decir ,
un tiempo de duración, y también una finalización, tiene que tener una duración
temporal. Este tiempo funciona como operador de la pena. Pero
la pena no solo hace blanco en quien la recibe, no solo es afectado por ese
mecanismo de signos, de intereses y que tiene una duración, sino también tiene
que afectar a los demás, a todos los que pudiesen cometer la misma falta; por
eso la pena no sólo debe parecer natural, sino a la vez tiene que ser
interesante, porque el cuerpo que ha cometido ese daño debe repara la falta que
ha cometido, debe reparar el daño que ha causado. La
escuela utiliza el castigo como elemento ejemplificador, como elemento de
ejemplo para los demás, para que se aparte de cada uno la idea de volver a
cometer la misma falta. Todo
esto lleva consigo , lleva implícita una técnica correctiva, no se castiga
para que se borre la falta, sino para transformar al culpable, tiene carácter
individual, en cuanto a su duración, su intensidad, esta abierto a variables
individuales. No tiene el mismo castigo en cuanto a su duración el no realizar
una tarea encomendada (otra forma de utilización del tiempo, en términos de
producción)que aquel que no realiza ninguna actividad, las dos son punibles,
pero la duración de la pena variará. Se
aprovecha la fuerza del cuerpo para aumentar la fuerza del mismo, la fuerza de
ese cuerpo no sólo actuará sobre él mismo sino sobre los otros cuerpos, eso
es entendido como economía del poder, economía política, porque solo importa
hacer a ese/esos cuerpo/s más productivos. Ese
cuerpo que la escuela quiere que sea obediente, dócil necesita de una técnica
que lo controle, que lo discipline, esta técnica es la de control productivo, y
lo castiga de diferentes maneras cuando se desvía de los caminos productivos. La
escuela sanciona, a ese cuerpo que está embuido de relaciones de poder, para
encauzarlo, para que produzca más, para que rinda más y mejor. Para
aplicar penalidades la escuela tiene que conocer, tiene que saber del cuerpo en
sus mínimos detalles, porque la escuela tiene por objeto ese cuerpo, y ese
objeto es construir un sujeto de la moral moderna. Por
lo tanto, la institución escolar va a desplegar su poder sobre el cuerpo, con
todas sus fuerzas, para luego someterlo en forma más global Cada
integrante de la institución escolar es una molécula de poder, por lo tanto
ese poder circula, y si circula podemos hablar de una microfísica, que no tiene
que ver con la apropiación del cuerpo, sino que lo invade a cada cuerpo
provocando en ellos su efecto. Como
es sabido el blanco de ese poder es el cuerpo, que con sus procedimientos
(vigilar y castigar) se despliega estratégicamente manifestando la posición
del que somete y es El
cuerpo está vigilado, la escuela tiene por objetivo cercarlo, ponerle muros,
para cuando alguien se debía, hay que castigarlo, para llevarlo siempre a la
normalidad, entendiendo siempre que esa normalidad es política. Quienes
salgan de esa normalidad deben ser encauzados, corregidos, educados ¿para qué?
Solo para que sean reproductores del modelo, para que produzcan más. El
portarse bien en la escuela es un pedido productivo, porque al portarse bien va
a ser dócil, y si es dócil, va a producir más, por lo tanto ese pedido no es
un pedido moral. La
escuela no habla de niños, sino de alumnos, los niños son los bárbaros, son
un problema, por eso hay que someterlos a un espacio, hay que transformarlos en
alumnos, y cuando estos se desvían hay que castigarlos, para enfatizar el
poder, para afirmar ese poder, ya que se ha atentado contra ese poder. “si
son necesarias las penas severas es porque el ejemplo debe inscribirse
profundamente en el corazón de los hombre...” (Michell
Foucauld) CONCLUSION La
Escuela al organizar los espacios, lugares, rangos, y castigos, garantiza no
solo la obediencia, sino también el mejor aprovechamiento del tiempo y los
gestos, elementos indispensables, para mejor y
mayor producción. Así como en las Academias Militares disciplinaban el cuerpo para la guerra, para hacer una maquina de guerra, la escuela actual, obedece a normas estrictamente disciplinarias de producción. Los maestros son los que determinan que es lo que está bien y lo que está mal, someten a los cuerpos a un examen permanente, y aun castigo ejemplificador determinado. En la escuela el poder circula y se articula con el tiempo y el espacio, despliega sobre los cuerpos tácticas de poder, encausa las conductas, impone los procedimientos, para que todos los cuerpos se disciplinen de igual manera, y ninguno se escape de estar bajo esa normativa. Podemos afirmar que en la escuela se utiliza como estrategia EL PODER DE LA VIGILANCIA, donde el maestro ejerce ese rol de vigilante, emulando al militar de rango, o al capataz fabril. Para lograr esto; están íntimamente relacionados la mirada, la arquitectura y el poder. El poder de la vigilancia jerarquizada, funciona como una máquina (M. Foucault), con un sin fin de engranajes vigiladores – correctores, para encauzar a estos cuerpos dóciles y convertirlos en instrumentos económicos, los cuales deberán actuar, en forma eficiente, sin pérdida de tiempo y cada vez más productivos a favor del sistema. Para lograrlo se utiliza una penalidad jerarquizante, rotulando a los alumnos, como las multinacionales con sus empleados (Ej.: El empleado del mes); identificándolos por el tiempo que sea necesario, para que los demás cambien de actitud y se identifiquen como modelo. En conclusión, se puede decir que nuestras instituciones escolares, están directamente relacionadas al modelo capitalista, para poder disciplinar, someter, y hacer más productivos a los cuerpos, para que este modelo se reproduzca de manera natural, sin que nadie se de cuenta del poder ejercido. BIBLIOGRAFIA: La
escuela en el cuerpo. D. Milstein y Mendez
Editorial: Miño y Dávila. 1999 Vigilar y Castigar: nacimiento de la prisión. Michell Foucault. Siglo XXI Editores..
Alejandro Raúl Orbelli
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