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efydep.com.ar - Agosto 2008 - Nº 63 - ISSN 1669-5291

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Revista de discapacidad, integración y diversidad en el campo de la Educación Física 

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LA INGENIERÍA DE LAS ACTIVIDADES MOTRICES

 

La ciencia de la acción motriz o praxiología motriz.

 

         La motricidad está vinculada a nuestra vida, todo lo hacemos con el cuerpo, incluso la inmovilidad requiere un buen control postural. Ahora bien, de todas las actividades que el ser humano puede desarrollar, sólo una parte tiene intencionalidad y finalidad en la propia motricidad, es decir, tiene un objetivo motor. Cuando movemos la mano sosteniendo un lápiz entre los dedos o tecleamos en el ordenador, lo hacemos para escribir; cuando trasteamos en la cocina, lo hacemos porque estamos cocinando o fregando algo que se ha ensuciado; cuando cargamos objetos en un camión, lo hacemos porque estamos trabajando o porque nos estamos mudando de casa. En todos estos ejemplos la intencionalidad última no es la motricidad que se desarrolla, sino que, de hecho, ésta es el requisito que necesitamos para ejecutar tareas con finalidad laboral, doméstica, literaria o culinaria.

         Por el contrario, las actividades con objetivo motor son aquellas en las que la intención se centra en aspectos relacionados con la propia motricidad, por ejemplo, marcar un gol, saltar, bailar, relajarse, etc. En todas estas prácticas el objetivo final tiene que ver o está centrado en la motricidad. Las prácticas no se realizan para producir algo ni para ofrecer algún servicio externo a la propia motricidad (se puede ofrecer espectáculo, pero eso también es un aspecto ligado a la motricidad). Incluso cuando se llega a la ejercitación por cuestiones de salud también es un aspecto optimizador de la motricidad. Siguiendo con este último ejemplo, el acto de tomar una pastilla para combatir el colesterol no responde a un objetivo motor sino utilitario, porque al final es el medicamento el que hace el efecto. En cambio, ir a pasear para combatir esta misma enfermedad sí cumple un objetivo motor porque la ejercitación no produce nada material ni sirve para nada externo a la motricidad que no sea la mejora de la propia

capacidad motriz.

         Muchas ciencias estudian el fenómeno motor, principalmente en su vertiente

ludicodeportiva, desde el objeto de estudio que les es propio: la psicología del deporte investiga la psique de los deportistas, la fisiología del deporte centra su atención en aspectos médicos de los deportistas, la historia del deporte estudia el nacimiento y la evolución del fenómeno, también lo estudian la sociología, la biomecánica, la antropología, la pedagogía y el resto de ciencias contemporáneas. Existe asimismo un abanico heterogéneo de disciplinas que investigan parcialmente la motricidad, como la proxemia, que la estudia desde la perspectiva espacial; la kinesia, que lo hace desde el  punto de vista de la comunicación; o la ergonomía, que se centra en el aspecto del trabajo. Sin embargo, ninguna de ellas pretende definir el universo de los deportes o de los juegos, y mucho menos considerarlo como campo de estudio propio, porque el área del conocimiento de la que provienen ya está convenientemente perfilada. Ahora bien, la ciencia de la acción motriz hace de la motricidad un estudio básico porque es una disciplina científica que tiene como ámbito de estudio las situaciones motrices, es decir, las actividades físicas lúdicas, de ocio, deportivas. Su objeto de estudio propio son las acciones motrices, por ello estudia las condiciones, los modos de funcionamiento y los resultados de este tipo de acciones. También se acepta el nombre praxiología1 motriz y, de hecho, es probable que esta denominación sea más ajustada ya que la praxiología estudia las condiciones y las reglas de la eficacia de la acción.

         Hace más de 30 años que el profesor Pierre Parlebas, catedrático y decano emérito de la Facultad de Ciencias Humanas y Sociales de la Sorbona de París y Doctor Honoris Causa por la Universidad de Lleida el año 2002, entre muchos otros títulos académicos, desarrolló las bases de la ciencia de la acción motriz. Sus postulados se basan en la teoría de la acción, en la teoría de los juegos y en el paradigma sistémico-estructural; por ello esta disciplina científica considera las situaciones motrices como sistemas motores.

 

La pedagogía de las conductas motrices.

 

         Las acciones motrices son la unidad básica de análisis de la praxiología motriz porque, en definitiva, ellas son lo que podemos ver y observar en el desarrollo de un juego, deporte o actividad motriz en general. Son lo que emerge de todo sistema motor y surgen como consecuencia de la adaptación del practicante a la estructura u ordenación interna que las reglas del juego imponen.

Las acciones motrices pueden estudiarse independientemente de las personas concretas que las realizan, o bien analizarse teniendo en cuenta quién lleva a cabo la acción. Cada persona tiene una manera muy peculiar de manifestarse motrizmente como consecuencia de su historia personal y de su dotación genética específica. Por tanto, cada individuo se expresa motrizmente a través de una conducta motriz determinada que es el resultado de sus acciones motrices personales. De esta forma, mientras se participa en una situación motriz, también se muestra buena parte de la propia manera de ser y de la personalidad de cada uno porque se actúa globalmente. Si bien las reglas de los juegos son restrictivas ya que requieren un marco de actuación muy concreto, también es cierto que cada participante realiza las acciones permitidas por el juego de manera muy similar.

         La educación física es la disciplina técnica que debe desarrollar la pedagogía o la enseñanza de las conductas motrices. Ahora bien, previamente se debe haber elaborado un estudio riguroso, con base científica, de las situaciones motrices que pretenden usarse como herramienta para alcanzar unos objetivos educativos y formativos. La finalidad de este estudio será certificar la idoneidad de las prácticas escogidas como generadoras de las conductas esperadas en los participantes. 1 Término usado por primera vez por Alfred Espinas en el artículo «Los orígenes de la tecnología», publicado en 1890 en la Revue Philosophique. Extraído de Pierre Parlebas (2, p. 355). Eso es precisamente lo que hace la praxiología motriz. A partir del estudio riguroso de la lógica interna de un juego o actividad motriz, llega a predecir el tipo de acciones motrices que se darán en él y las conductas que se ajustarán a los requisitos del escenario que la práctica implica. Y no sólo eso, el conocimiento de las bases estructurales que generan la aparición de acciones y conductas motrices determinadas permite además diseñar situaciones motrices apropiadas para la aparición de conductas concretas.

         Aun así, debemos insistir en que cada individuo es singular, lo que provoca que una misma situación motriz pueda desencadenar conductas diversas en los diferentes participantes, pudiendo llegar incluso a estar desajustadas o ser desacordes con respecto a las demandas de la situación. Estas conductas son anómalas para el escenario lúdico y pueden obstaculizarlo, desnaturalizarlo o provocar que se deje de jugar. Sólo el estudio de las posibles razones estructurales que facilitan la aparición de dichas conductas en los participantes problemáticos permitirá modificar las reglas del juego para reforzar las primeras y evitar las demás, sin necesidad de recurrir a castigos externos a la didáctica del juego.

 

La ingeniería de las actividades motrices.

 

         Los beneficios y las aportaciones de la praxiología motriz se han limitado hasta ahora al ámbito académico y, tanto las investigaciones propias como las realizadas de manera interdisciplinar, han permanecido enclaustradas dentro de los muros de los laboratorios, donde sólo han procurado satisfacción a los pocos investigadores que se dedican a ellas. Sin embargo, toda ciencia debe divulgarse y ser útil para la sociedad si desea prosperar como tal. Ámbitos como la mencionada educación física, el entrenamiento y la enseñanza deportiva deben ser los primeros y principales beneficiarios de ella. Pero también existen otras áreas profesionales que deben recibir sus aportaciones. La formación corporativa, por ejemplo, especialmente en el sector de los recursos humanos, requiere mejorar las conductas de los directivos y trabajadores en las capacidades relacionadas con la comunicación, la resolución de conflictos laborales, el trabajo en equipo, el fomento de las capacidades de liderazgo sin inhibir las potencialidades de los subordinados, la toma de decisiones, etc.

         Actualmente existen numerosos programas de formación desarrollados por empresas especializadas en formación corporativa o por los propios departamentos de las empresas que han querido usar las prácticas físicas para alcanzar objetivos formativos, pero sin criterios para poder justificarlas. De ahí que sea evidente, por necesaria, la creación de una ingeniería de actividades motrices que se centre en el análisis praxiológico y la programación y diseño de prácticas motrices apropiadas para la pedagogía de conductas en los múltiples ámbitos mencionados. De hecho, este es el proyecto actual en el que está implicado el director del presente taller. La especificidad de este campo de estudio también debe permitir asegurar el futuro de la licenciatura de Ciencias de la Actividad Física y el Deporte, aunque quizá se debiese cambiar su denominación actual y variar el plan de estudios aceptando la praxiología motriz como asignatura troncal.

 

 

 

Bibliografía

 

- PARLEBAS, P. (1ª Edición, 1988). Elementos de Sociología del deporte.

Editorial Unisport, 2ª edición revisada, 2003, Málaga.

 

- PARLEBAS, P. (2001). Léxico de Praxiología Motriz. Juegos, deporte y

sociedad. Editorial Paidotribo, Barcelona.

 

- LAGARDERA, F. y LAVEGA, P. (2003). Introducción a la Praxiología

Motriz. Editorial Paidotribo, Barcelona.

 

- LAGARDERA, F. y otros (2004). La ciencia de la Acción Motriz. Edicions de la

Universitat de Lleida, Lleida.

 

- http://www.praxiologiamotriz.inefc.es

 

Elisabeth Márquez Saá

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