INICIO | ED. FÍSICA | DEPORTES | RECREACIÓN | VIDA EN LA NATURALEZA | JUEGOS | EVENTOS | INVESTIGACIÓN |  RECURSOS | PROYECTOS | LEGISLACIÓN | ENLACES | BIBLIOGRAFÍA | COLABORACIONES | DEINTERÉS.DOC | MISCELÁNEAS | RECONOCIMIENTOS | ENTREVISTAS | ACERCA DE... | EDITOR | CONTACTO

efydep.com.ar - Noviembre 2014

SITIOS AMIGOS

Proyecto de Acción Sin Fronteras lanzado en el 2001 con la finalidad servir en forma gratuita.

Redes sociales Educaweb

DATOS ÚTILES

Calculá tu BIORRITMO
Reglamentos
Institutos de E.F.
Entretenimientos

lanAirlines

Visitas

Estadísticas

Contacto

Edgardo Raymonda

raymonda@efydep.com.ar



 

Alberto LOZANO, fue quien me invitó a inscribirme en la carrera de Entrenador de Básquet que se dictaba en el ISEF N° 11 de Rosario, y fue maestro y amigo, dándome enseñanzas del deporte y de vida con su ejemplo. Esta nota que transcribo de la revista MULTICANAL de Agosto del 2000 es el mejor reconocimiento que puedo hacer hacia él.

Alberto LOZANO, 71 años, basquetbolista

SOBREVIVIENTE DE UNA EPOPEYA DEPORTIVA

Hace 50 años, la selección nacional conseguía el título mundial de básquetbol. Aquel equipo, el único que obtuvo ese lauro en toda la historia, contó con la presencia de tres jugadores rosarinos: Osvaldo Venturi, Hugo del Vecchio y Alberto Lozano. Este último, único sobreviviente, relata con memoria intacta una de las epopeyas más destacadas del deporte nacional.

3 DE NOVIEMBRE DE 1950

Luna Park colmado. Final del primer Campeonato Mundial de Básquetbol. Cara a Cara, Argentina y Estados Unidos. El partido comenzó con el seleccionado argentino desconcertado ante el juego de los norteamericanos, hasta que un aluvión de coraje y buen rendimiento colectivo le permitió al conjunto albiceleste sacar diez puentos de ventaja al cabo del primer tiempo. En el segundo, los visitantes se acercaron y obligaron a Jorge Canavesi, el director técnico de aquel plantel, a realizar una variante: Hugo del Vecchio al rectángulo de juego. Goleador por naturaleza, el rosarino anotó 14 puntos en diez minutos, para sentenciar el pleito y darle al país un título mundial que, lejos de quedar en el olvido, imprimió una de las páginas más jugosas del deporte nacional.

Invierno del 2000. Sábado húmedo y frío en Rosario. Dentro de una casa ubicada a pocos metros del Parque Urquiza, un sillón acoge a una persona que espera el instante de contar, una vez más, las anécdotas vividas en su carrera deportiva. Alberto Lozano saluda y comienza a hablar sin pregunta previa: "Puede cuestionar lo que quiera, pibe, mis recuerdos son perpetuos".

- La sociedad lo marca como una persona muy derecha...

- Siempre intenté ser un hombre correcto. Todo se debe a que mis padres, dos españoles que vinieron a trabajar esta tierra, me inculcaron de chico los valores éticos morales que debe tener un ser humano. A lo largo de mi vida tomé sus ejemplos y puedo asegurar que obtuve resultados positivos.

Parece lógico. Pasan 15 minutos de conversación y la palabra básquet aún no ha traspasado los labios de Lozano. Es que la realidad es esa, porque más allá de lo que fue como deportista, don Alberto quiere dejar en claro que "primero está la persona, después los logros". Pero la entrevista fue pactada para hablar del título mundial conseguido hace 50 años, y las remembranzas no tardan en llegar...

- ¿Cómo llegó a formar parte de ese plantel?

- En aquella época se realizó una preselección de 70 jugadores de todo el país, hasta que quedaron 16. La mayoría era de Buenos Aires, pero Osvaldo (Venturi), Hugo (Del Vecchio) y yo éramos reconocidos a nivel nacional debido a buenos rendimientos que teníamos en el básquet rosarino. Fue complicado quedar en el plantel, pero lo conseguimos.

- ¿Qué significa para usted haber sido parte de aquel plantel?

- Algo grandioso. Es muy difícil explicar lo que uno siente al vestir la camiseta de la selección. Hay que pasar por esa situación para darse cuenta del valor que tiene.

- Muchos piensan que el mérito de haber ganado esa final no fue tan grande por el hecho de que el equipo norteamericano era representado por una empresa...¿Cuál es su opinión al respecto?

- Que no saben lo que dicen. En aquellos años, como la NBA no estaba en su máximo esplendor, los mejores jugadores eran recolectados por las grandes empresas para hacer publicidad. El Denver Chevrolet era considerado como uno de los mejores equipos. No hay que desmerecer semejante logro. Además, le ganamos a Francia, subcampéon olímpico; a Brasil, el gran candidato...

- ¿Qué recuerda de la final?

- Que el partido se nos había complicado en el segundo tiempo, pero la inclusión de Del Vecchio, que convirtió los puntos más importantes, terminó por darnos el título. Luego vinieron los festejos.

- Y la inolvidable "noche de las antorchas"...

- Eso fue increíble. El pueblo salió a caminar por la avenida Corrientes con diarios encendidos simulando ser antorchas. Además, apenas terminó el partido, se encendieron las luces del estadio y todos comenzaron a entonar, a capella, el himno nacional. La emoción al recordar ese momento no la perderé jamás.

La historia dirá en una de sus páginas que la política se mezcló, una vez más, con el deporte. Argentina logró ser sede del Mundial por dos motivos: uno de ellos, merced a la buena labor de la selección en los juegos olímpicos de Londres, en 1948. El otro, gracias a las gestiones realizadas por el presidente Juan Domingo Perón para que ese proyecto tuviera un final feliz. Y vaya si lo tuvo...

- ¿Qué le ofreció el gobierno como premio?

- Primero, me veo obligado a hacer una aclaración: nosotros éramos absolutamente amateurs. Nunca se habló de remuneraciones. La única comodidad era que a aquellos que estaban trabajando se les abonaba el correspondiente sueldo, y para los que estudiaban, la posibilidad de rendir los exámenes con posterioridad. Con respecto a los premios, al día siguiente de haber obtenido el titulo nos brindaron una comida en Olivos, y 24 horas después, en la Casa de Gobierno el general Perón nos obsequió un viaje a Barilocho para todo el plantel, pero nos advirtió que no íbamos a viajar en avión. Esto se debió a que poco tiempo atrás, el equipo del Torino de Italia había tenido un accidente aéreo y Perón temía por nosotros.

- ¿Y entonces?

- Tuvimos que hacer el viaje en tren ¡Fueron casi 30 horas! Pero estábamos contentos igual.

- El viaje no lo esperaban...¿Fue realmente una sorpresa?

- No. La gran sorpresa fue cuando nos informó que cada uno de nosotros iba a recibir un auto de regalo.

- Ah! Hubo una recompensa extra...

- Si, y te puedo asegurar que lo merecíamos por haberle otorgado un logro tan importante a nuestro país.

EL SER HUMANO

Desde el momento en que se acordó la entrevista, Alberto Lozano privilegió la confianza y el buen sentido del humor. El respeto por el prójimo es su ley primera. La sinceridad de sus palabras es una de las cosas que mejor lo caracteriza como persona. Sus 71 años están colmados de anécdotas que, al expresarlas, decora con lágrimas. Su vida deportiva acredita satisfacciones adquiridas mediante esfuerzos incalculables. Su vida social permanece intacta porque sigue siendo la misma que lo vio nacer, junto a los responsables de su ser: sus padres.

Aún sentado en su sillón, don Alberto cierra la charla con un consejo: "A la juventud le recomiendo que escuche las reflexiones de sus padres acerca de los valores éticos y morales que debe tener una persona, no sólo en el deporte, sino también en la vida. Gracias a ellos pude ver realizados mis mayores anhelos: practicar mi pasión deportiva, recibirme de profesor de Educación Física y en la actualidad, volcar mis conocimientos en la docencia". Una lágrima más rodea las mejillas de Alberto Lozano, y lo obliga a usar por enésima vez su pañuelo notoriamente húmedo. Pero esa lágrima es la última. La que cierra una tarde sin sol, que brilló igual. Carlos Altamirano-Ezequiel Guisone.

 

TEMAS RELACIONADOS

Clarin.com - La mágica noche del Luna

Clarín digital | Deportes . Bodas de oro de una hazaña